miércoles, 4 de diciembre de 2013

La historia detrás de la guerra de Kosovo

                        La ex Yugoslavia hoy en día, con Kosovo como parte de Serbia entre Macedonia y Montenegro



La historia de la disolución de Yugoslavia es compleja y está plagada de distintas guerras, tiene muchas aristas que comprender. Hoy me voy a dedicar a comentar sobre uno de los hechos más recientes de los distintos conflictos que se dieron desde la desintegración del país: La guerra de Kosovo.

Comencemos por preguntarnos, ¿qué es Kosovo? Kosovo es una zona al sur oeste de Serbia, independiente de facto aunque no todos los países reconocen su independencia. Es una de las zonas más ricas de Europa en cuánto a recursos naturales, si no la más rica. Abunda en yacimientos de plomo, zinc, plata, níquel, cobalto, cobre, hierro, bauxita y lignito. Sin embargo es también uno de los países europeos con mayor porcentaje de gente bajo la línea de pobreza.

Kosovo es la cuna del pueblo serbio, y sin embargo hoy en día la población es mayoritariamente albana. ¿Cómo sucedió esto? Los serbios nunca abandonaron Kosovo. Cuando los turcos Otomanos invadieron los Balcanes, los serbios se defendieron. Aún derrotados siguieron luchando por su independencia y se mantuvieron fieles a su religión, el cristianismo ortodoxo. Los albanos, al suroeste, en cambio colaboraron con los invasores y fueron rápidos en adoptar la religión foránea, el islam que aún practican hoy en día. En este contexto se produjo uno de los hechos más recordados por la historia serbia, la batalla de Kosovo (1389). Es recordada como una aplastante y trágica derrota del ejército serbio conducido por Lazar Hrebeljanovic contra uno mucho mayor de los turcos liderados por el sultán Murad I. Sin embargo en los momentos posteriores a la batalla esto no estaba tan claro, y algunos veían a la batalla como un empate o incluso un triunfo serbio. Tanto Lazar como Murad fueron muertos en combate. Para el pueblo de Serbia esta batalla es considerada con mucha significancia como un símbolo nacional, que representa al heroísmo serbio y a la lucha hasta el fin, a pesar de la certeza de la derrota.

Finalmente los turcos obtuvieron el control efectivo de Kosovo en 1455, y lo mantuvieron hasta 1912. En el siglo XVII comenzaron las migraciones de albaneses a Kosovo, impulsadas por los turcos. Estos inmigrantes eran musulmanes y pro-ocupación, mientras que los pobladores originales eran ortodoxos y anhelaban la independencia. Ese mismo siglo se peleó la Gran Guerra Turca. Una fuerza austríaca comandada por el marqués Ludwig de Baden invadió a los Otomanos y llegó hasta kosovo, juntando en el camino el apoyo de los serbios. Sin embargo los turcos y sus aliados albaneses lograron finalmente hacerlos retroceder hasta el lugar del que habían venido.

Saltemos varios años hasta la segunda guerra mundial. Kosovo forma parte ahora del Reino de Yugoslavia, que en 1941 se ve obligado a firmar un tratado con la Alemania nazi. La disconformidad popular que veía esto como una rendición derivó en un golpe de Estado. El nuevo gobernante, Simovic, trató de calmar a los alemanes, sin éxito. Ese mismo año Alemania invadió Yugoslavia. La mayor parte del actual Kosovo fue cedida a la Gran Albania, bajo ocupación italiana. En este contexto los colaboracionistas albaneses expulsaron a miles de serbio-kosovares de la región con grupos armados como las milicias Vulnetari.
Desde este momento la población de Kosovo queda constituida como mayoritariamente albanesa, tras los crímenes cometidos durante la segunda guerra mundial contra los serbios.

Llegando más hacia el presente, en la década de 1980 el 80% de la población de kosovo es albanesa. Por presiones étnicas y conflictos nacionalistas hacia 1999 solamente quedaban un 10% de serbios, el resto había sido expulsado o había emigrado para evitar los conflictos y la discriminación. Esto representa una disminución de casi el 50% en un período de 10-20 años. El presidente de Yugoslavia, Slobodan Milosevic hizo lo que pudo por defender los intereses serbios en kosovo, pero finalmente sin éxito. Se formó el ELK (Ejército de Liberación de Kosovo), un ejército terrorista que tomó el control del gobierno de la zona y comenzó a maltratar y torturar a las minorías étnicas que allí vivían. La situación culminó con un ataque serbio al pueblo de Racak en el que murieron 45 albaneses.

Aquí es donde las potencias deciden intervenir. Para la OTAN y Estados Unidos esto fue una masacre, y se acusó a Milosevic de crímenes de guerra, a pesar de que los albaneses habían muerto en combate. Entonces comenzó una campaña de bombardeo de casi tres meses, que tenía por objetivo la “expulsión de los serbios, permanencia de las fuerzas de paz, y retorno de refugiados”. Este último objetivo es algo curioso, ya que no era la idea ver volver a más de 200.000 refugiados serbios, y la OTAN se vio en apuros. Al finalizar la guerra el 10 de Junio de 1999, regresaron unos 500.000 refugiados albaneses. Al poco tiempo la población serbia fue reducida a menos de un 25% de lo que era antes de comenzar la guerra por ataques de venganza de distintos grupos apoyados por el gobierno que ahora era legítimo.


Según autoridades serbias la guerra produjo la muerte de entre 1.200 y 5.700 civiles. Mucho más que 45. Y aquí se ve el salvajismo animal de las potencias, hambrientas de los recursos de Kosovo, ahora explotados por grandes compañías internacionales. Mientras tanto se está sosteniendo a un gobierno terrorista y la minoría serbia en Kosovo sigue sufriendo persecuciones. Pero la verdad es que Kosovo, es, y siempre será, Serbia.

En gris: los países que no reconocen la independencia de Kosovo. En verde: EEUU y sus lameculos predilectos

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